Presencia en la red, identidad digital. Hubo un tiempo en que la presencia en internet era residual, el uso de las redes todavía no estaba instaurado como parte de la cultura de la sociedad y eran pocas las personas y organismos que tenían acceso a esta conexión.
Hoy todo ha cambiado; el grueso de la población tiene acceso a internet y, si segmentamos por edad, la realidad se hace muy palpable: Nosotros nos hemos conectado, pero los que han venido después han nacido conectados.
Pongámonos en situación. Internet ha supuesto toda una revolución social, económica y de comunicación y es, probablemente, uno de los avances más importantes de los últimos tiempos si no el que más. Este salto cualitativo tan absurdamente grande muchas veces no se observa con perspectiva y se tiende a trivializar; es por ello que no asumimos que el derecho a estar conectado conlleva unos deberes y responsabilidades que no son baladí.
La identidad digital es un espejo, o debería o podría serlo, de la identidad individual de cada uno que es conformada por su personalidad y rasgos identificatorios. Si en la vida real parte de tu personalidad y por ende de tu identidad es cómo vistes, en el mundo online puede serlo tu nick, tu avatar o firma. Si en la vida real puedes identificarte con una serie de aficiones o sitios a los que te gusta ir en la vida virtual puedes hacer algo semejante según qué webs visites, qué aplicaciones uses, a qué juegues… hay muchos paralelismos. La principal diferencia viene dada por el anonimato que ofrecen las redes: la identidad individual en la vida real puede enmascararse hasta cierto grado, pero en el mundo virtual las posibilidades son mucho mayores: puedes ser quien tú quieras ser, o por lo menos dar esa imagen.
Estas circunstancias hacen que nos centremos en torno al anonimato y a la privacidad como dos grandes rasgos muy descriptivos de los atributos que las redes ofrecen y en este sentido hay gustos para todos: o más control o más libertad. Quienes abogan por un mayor control generalmente lo hacen o bien por intereses propios o bien para proteger -o pretender proteger- la privacidad de las personas. Es fácil, en la vida real si no quieres que entren en tu casa simplemente cierras la puerta y es más, salvo casos de delitos, todo el mundo asume que nadie va a entrar en tu casa… pero, ¿y en las redes, es así también?
En las redes lo que es una virtud es a su vez un defecto. El exceso de conexión, la inmadurez del usuario medio para ser responsable de sus datos e información, los terceros que se aprovechan de este factor… No todo es tan fácil como cerrar la puerta de casa y, desde luego, tampoco está tan controlado como para que a una llamada de distancia la policía haya acudido a tu domicilio.
Es en este sentido que hablo de la inmadurez de la sociedad y de los mecanismos creados hasta el momento. Además, internet es fuente de un largo abanico de datos de usuarios y empresas de todo tipo y extensión… datos que, para alguien, siempre tienen valor. ¿Por qué hay tantos servicios online gratuitos? ¿por qué facebook no te cobra? Pues porque, si alguien no te cobra por un producto, es que tú eres el producto. Los datos acabarán, de alguna forma, en manos de terceros.
Creo que todo pasa por una etapa de adaptación y madurez del usuario individual, de interiorizar una herramienta que nos ha dado mucho muy rápido y que todavía usamos como si fueramos niños. No dejaría en manos de nadie más esta responsabilidad; ni gobiernos, ni empresas, nadie se preocupará más por ti que tú mismo. Quiero que esto sea una crítica muy clara al usuario, principal responsable. No soy defensor del control, y por ende quiero y reivindico el internet de hace años: donde casi todo valía, con un contrato social muy curioso que se daba, entiendo yo, por ser minoritario. Quiero una suerte de acuerdo entre individuos que no esperan que el Estado ni otra organización acuda a salvarles y pensar por ellos, y por eso reclamo que sea cada individuo el que se haga responsable de qué es lo que muestra en internet. Qué es lo que falsea. A qué es lo que se expone. Etcetera…
